LA MODA EN UN MUSEO

En Madrid, cerca al faro de Moncloa y en frente de Ciudad Universitaria, se encuentra el Museo del Traje y, aunque no tenga tanta trayectoria como el Prado ni esté en ninguna lista de must go de Madrid, vale la pena visitarlo.

Al pasar por su colección permanente, que cuenta con las piezas más significativas de la historia indumentaria de España, surge la pregunta de si además de estar adquiriendo un conocimiento histórico estamos presenciando obras de arte. Desde finales del siglo XIX artistas, diseñadores e historiadores han discutido si la moda puede o no considerarse arte. El museo le dedica una sección los años 20, década en la que la moda empezó a relacionarse con el Art Deco y las emergentes vanguardias artísticas. Pintores como Dalí, Picasso y De Chirico colaboraron con el mundo de la moda diseñando estampados, vestuarios escénicos o ilustrando portadas de revistas.

La diseñadora de moda italiana Elsa Shiapareli trabajó con Cocteu y Dalí y adoptó principios surrealistas a sus diseños.

Desde entonces, el arte se ha ido incorporando en las pasarelas. Sin embargo, la discusión va un poco más allá cuando nos preguntamos si los diseños de moda pueden ser considerados en sí mismos obras de arte. Mariano Fortuny fue un diseñador español que creó un estilo de trajes atemporales y se desenvolvió también en campos como la pintura, la fotografía, la escultura, la arquitectura y la escenografía. Cada uno de sus trajes puede considerarse una obra única e irrepetible. El vestido Delphos, junto con otras de sus creaciones más famosas, se pueden admirar en el museo.

Para Marc Jacobs, un ejemplo más actual, el trabajo de un diseñador de moda solo tiene sentido cuando alguien lo lleva puesto.

“Hago ropa, bolsos y zapatos para que las personas los usen, no para colgarlos en una pared y admirarlos. La ropa en un museo es la muerte absoluta”, sostiene el diseñador estadounidense.

Giorgio Armani, por su parte, sostiene que la moda es arte: “La relación entre estos universos es muy estrecha. Ambos son medios de expresión de gran potencia, que crean objetos no solo bellos, sino también capaces de emocionar. De hecho, la industria de la confección se sitúa en el centro de la creatividad y es el mejor espejo de la sociedad y su cultura”. El museo muestra como los cambios políticos y socioculturales han influido en la industria indumentaria y han impuesto tendencias. De hecho, la historia de España se podría contar a través de sus trajes.

Hoy, cuando el concepto de arte es tan subjetivo, la pregunta de si la moda es arte o no, pierde un poco el sentido. Solo pueden examinarse los casos particulares. Una prenda podría ser considerada como objeto de arte en tanto que pueda producir disfrute estético, generar alguna emoción o trasmitir un mensaje. Es decir, para que la moda pueda tener una función en los museos tiene que expresar algo más que su interés como vestido. De esta manera, la pregunta se transforma a qué puede hacer la moda y las exposiciones temporales del museo nos proponen dos respuestas interesantes.

La primera es una muestra del legado artístico de José Celestino Casal, compuesto por su música, sus diseños, su obra plástica y la pinturas inspiradas en su personaje. Casal coleccionaba Vogue y era fan de David Bowie. Vivía conforme a sus normas de estilo que estaban marcadas por una mezcla entre el glam, la abundancia y la androginia. Sus diseñadores predilectos eran Pepe Rubio, Antonio Alvarado y Versace pero prefería encargar la confección de sus propios diseños a modistas y sastres. Invertía mucho tiempo en buscar las telas y pieles para plasmar sus ideas. La moda fue una de sus formas de resistencia, fue su manera de luchar en contra los prejuicio y de reivindicar la libertad y la coherencia. La exposición “Tino Casal: el arte por exceso” va a estar abierta al público hasta el 5 de marzo en la primera planta del museo.

En la segunda planta se encuentra “Rotos y costuras”, un proyecto que nace a partir de un  grupo de personas que decidieron dejar atrás el consumo de sustancias tóxicas y diseñar una segunda piel, un traje, basándose en sus experiencias personales. De esta manera, la moda, como el arte, puede tener un carácter simbólico y sanador.  


Autor: Maria Isabel Pachón